Bye bye WordPress

Después de años usando WordPress y siendo un fan fiel, he decidido dejar de usarlo. Me he cansado de las restricciones de wordpress.com. Me he cansado de tener que instalar plugins para funcionalidades que considero básicas. Y me he cansado de tener que blindarlos porque recibo ataques todas las semanas. Por todo esto, dejo WordPress.

Una vez tomada esa decisión quedaba la de a dónde mudarme. Pero lo cierto es que ni siquiera me lo pensé. Llevo un tiempo queriendo usar Medium para aprovechar el planteamiento tan social para atraer lectores. Nunca se me pasó por la cabeza volver a Blogspot, por ejemplo.

Así que, para quien quiera seguirme, he creado un blog (Medium lo llama publicación) allí: medium.com/un-asgardiano-nacido-en-madrid.

Espero que nos veamos allí y que os guste tanto como éste. Me he propuesto escribir algo todas las semanas, a ver si lo consigo.

P.D.: Este blog dejará de funcionar dentro de unos meses, cuando apunte el dominio a la publicación en Medium.

Más centrado

He decidido que a partir de ahora este blog va a tratar sobre narración. En general, en todas sus vertientes (cómics, videojuegos, etc), y en particular en literatura, que es en lo que más volcado estoy últimamente. Por esto he borrado todas las entradas que no tenían que ver con el tema. No eran muchas, así que espero que no las echaréis de menos 😛

También he decidido que este blog va a ser principalmente en español, aunque puede que algún relato lo escriba en inglés.

Allez-hop

Con esta entrada voy a inaugurar un nuevo tipo de post para el blog. Llevaba un tiempo queriendo publicar, pero sin saber bien qué. Me cuesta sacar tiempo para escribir y, cuando lo hago, suelen ser ejercicios para el curso de Literatura Fantástica; textos que a mí me parecen relativamente buenos, pero que después de recibir las críticas de compañeros y profesores resultan no serlo tanto. Y casi nunca los reescribo, por lo que no me animo a publicarlos aquí al ser relatos que sé que necesitan trabajo. Pero se me ocurrió la siguiente idea: publicarlos después del aluvión de críticas y añadir anotaciones con lo que me digan en clase. Así nos sirve a todos: a mí, porque publico algo, y a vosotros, porque podéis aprender de mis errores.

He añadido subrayados (como con rotulador forforescente) de dos tipos:

  • Azul: en este color subrayo palabras repetidas en poco espacio.
  • Amarillo: esto indica que si pasas el puntero por encima he dejado una anotación al respecto.

No descarto añadir otros colores en el futuro, con otros significados.

Y, con esta entrada, doy el pistoletazo de salida a los nuevos Ejercicios:


—Por cierto, ¿cómo se os ocurre llevar un mago a la boda? Que no somos críos, eso ya no se lo traga nadie. ¡La magia no existe!

Era la mañana siguiente a la boda de su hermano y Daniel se disponía a salir al patio de la casa rural. Había pasado allí la noche, invitado por los novios, junto con los padres y la hermana de la novia y unas amigas. Su hermano, que caminaba por delante, rehusó contestarle y atravesó la puerta que daba al patio. Se agachó ligeramente —era bastante  alto — para no darse en la cabeza y Daniel —un poco más  alto  que su hermano— hizo lo mismo. Sólo que no calculó bien — fruto probablemente de haberse confiado al ver que Raúl no tuvo que bajar mucho la cabeza, y no de las copas de la noche anterior — y se golpeó la coronilla en el marco de la puerta.

Inmediatamente cerró los ojos se llevó la mano derecha al lugar donde se había golpeado. Cuando aún veía todo de color rojo alguien dijo junto a él :  “Oh, demonios”. Daniel aún estaba reponiéndose del coscorrón, pero no se había dado tan fuerte como para no notar dos cosas muy curiosas de aquella voz: en primer  lugar , que no era la de su hermano y, en segundo  lugar , que venía de algún  lugar  a su izquierda y a la altura de su cadera.

Cuando abrió los ojos lo que tenía ante él no era exactamente el patio de la casa rural. Todo era como debería ser, excepto por que no había casa rural y que el cielo, en lugar de los tonos azules de la mañana,  se vestía con unos tonos verdosos  que no había visto nunca. Ah, y el detalle de que había un conejo blanco de más un metro de altura junto a él, de pie sobre sus patas traseras y tirándose de las largas orejas como si quisiera arrancárselas.

—No deberías estar aquí, ¿qué demonios haces aquí? —inquirió el conejo, visiblemente agitado.

Daniel, aún perplejo, se masajeaba la zona del golpe mientras se preguntaba si no tendría una conmoción.

—Oh, cielos, ¿te has golpeado la cabeza? ¿Con mucha fuerza?

—Más de lo que yo pensaba, parece, aunque no duele tanto.

—Maldita sea, esto ya lo he visto antes. ¿Atravesabas algún tipo de umbral cuando ocurrió?

—Una puerta, sí. ¿Cómo…?

—Oh, qué desgracia. Y en un momento como éste. Has tenido mala suerte, está claro. Bueno, yo me tengo que ir, ya lo siento.

El conejo se giró y se disponía a alejarse cuando la mano izquierda de Daniel le retuvo agarrándole de una de las patas delanteras.

—Espera, espera, ¿qué?

—¡Suéltame, no tenemos tiempo, mira ese cielo! A esta dimensión no le quedan más de dos minutos, hay que irse. —La mirada de Daniel había pasado de la incredulidad a la exasperación y el  conejo pensó  que quizá si se lo terminaba de explicar le dejaría libre . — Esta es una estación de paso, los saltadores las creamos para movernos a dimensiones que están demasiado alejadas entre sí. Y ésta ya está desapareciendo, ¿ves?

El conejo había señalado con su patita libre en dirección al horizonte, donde la mirada de Daniel se cruzó con una negrura que avanzaba hacia ellos devorando todo a su paso.

—Es ciertamente infortunado que hayas descubierto justo ahora, y de esa forma tan desagradable, que eres un saltador, pero no puedo hacer nada por ti. No puedo llevarte conmigo, pesas demasiado. Tienes que saltar por ti mismo. Y, desde luego, no hay tiempo para enseñarte. Lo siento, grandullón. ¿Me sueltas para que al menos yo sí pueda salvarme?

—¿No puedes darme un curso acelerado o algo?

 La desesperación en la voz del humano  ablandó un poco al conejo, que intentó resumir en unos segundos lo básico de la teoría sobre los saltos interdimensionales. Se le daba bien hablar rápido. Mientras explicaba, se quitó el colgante que llevaba y se lo dio a Daniel.

—¿Entonces, si hago eso que dices y me golpeo igual de fuerte debería ser capaz de… eh, cómo lo has llamado? ¿Saltar?

—Sí. ¡Buena Suerte!

El conejo se dio media vuelta y dando saltitos a cuatro patas desapareció tras unos arbustos. Daniel se acercó a un árbol y sujetó con ambas manos una rama para tenerla a su alcance. Echó un vistazo a la negrura que se acercaba, para calcular a ojo cuánto tiempo tenía. A continuación, tal como le había explicado el conejo, visualizó en su mente el lugar al que quería saltar —el maldito patio de la casa rural— y concentró todo su ser en aquel sitio. Cuando pensó que ya lo tenía ,  le lanzó un buen cabezazo a una rama del árbol para volver a darse en el mismo sitio.

—¿Qué has hecho? —Preguntó la voz familiar de su hermano, sin poder aguantar la risa.

Daniel se masajeaba el lugar del coscorrón y le pareció notar algo húmedo. Se acercó el dedo para mirarlo  bien  y vio un poco de sangre.

—No he calculado  bien  al pasar por la puerta.

En su mano izquierda aún apretaba con fuerza el cristal de obsidiana que el conejo le había dado para ayudarle a canalizar la energía del salto.


Además, de lo que ya he marcado en el texto, me hicieron los siguientes comentarios:

  • No queda claro que el conejo le da el colgante de obsidiana para ayudarle a saltar.
  • Al hablar al principio de un mago y aparecer más tarde un conejo, se establece una relación entre ambos que yo no buscaba.
  • No es buena idea utilizar un conejo como el que he metido para este tipo de personaje porque por sus características (el tamaño que tiene, el que sea blanco, el que sea nervioso) lleva a pensar en el conejo de Alicia en el País de las Maravillas. Yo lo hice a modo de guiño porque era un ejercicio de clase, pero entendí que debo tomarme más en serio estos textos y escribirlos como si los fuera a publicar. La profesora sugirió cambiar el conejo por un canguro, lo que no me parece mala idea, dado el tema de los saltos.
  • El simple hecho de hablar de “dimensiones” puede llevar al lector a pensar en ciencia ficción y cargarse la atmósfera de fantasía, que era lo que yo en realidad buscaba. En mi cabeza los saltos tienen un origen totalmente mágico, pero es cierto que esa palabra en concreto puede tener esa connotación de ciencia o tecnología que no era lo que yo pretendía.

La llegada de la trampa

…y el consiguiente cabreo.

Atención, esta entrada va sobre la película de ciencia ficción La llegada. Si sigues leyendo es bajo tu propia responsabilidad, porque:

AVISO, SPOILERS GORDOS

El argumento

La película me ha encantado, salvo por un pequeño detalle. Eso que quede claro.

La cinta empieza (si no recuerdo mal) con recuerdos (o eso creemos, qué hijoputas) de Louise Banks, personaje interpretado por Amy Adams, de su hija. Desde cómo va creciendo hasta la muerte de la pequeña debida a una rara enfermedad degenerativa y, aparentemente, incurable. Después empieza el argumento directo al grano: llegan unos extraterrestres. Al día siguiente el ejército se pasa a buscar a la prota, que es una lingüista de la leche. Pero la cogen porque ya trabajó con ellos en el pasado y aún no tiene que renovar los papeles, y eso que se ahorran. Si no fuera por eso, se irían a por otro pavo porque una mujer nunca puede ser la primera opción. Ella pone como condición ir a la nave y le dicen que lo sienten pero no. Se van a probar con el otro pavo y no les convence, así que Louise termina yéndose de excursión en helicóptero con el ejército. En el helicóptero conoce al tío del que ya sabes que se va a enamorar, porque ya has visto muchas pelis.

Durante el resto del primer acto y buena parte del segundo se entretienen mucho en contarte lo interesante: cómo es el lenguaje alienígena y cómo la prota lo va descifrando. Todo esto intercalado con recuerdos (o eso creemos) de la hija de la prota. Sin embargo, en un momento ella le pregunta a los extraterrestres que quién es la niña de sus visiones, y ahí ya te das cuenta de que te han estado haciendo todo el lío durante más de media película. Poco después explican que la niña va a ser la hija de Louise y que ésta puede ver el futuro. Esta habilidad es consecuencia del aprendizaje del lenguaje alien. Hasta aquí todo muy bien hilado, la verdad. (No es ironía, es en serio; no he querido dar todos los detalles por no destripar la película del todo.)

Como no podía ser de otra manera, los soldados la lían parda. Por un lado, los americanos, que ponen una bomba en la nave alienígena. La explosión parece herir de muerte a uno de los aliens que se comunican con los americanos, pero nada más. Sin embargo, los aliens se cabrean y cortan la comunicación con el ejército. Aunque a Louise le dejan subir una última vez a la nave para darle así de golpe to’l conocimiento que habían venido a darle. Por otro lado, los chinos se acojonan mucho y le declaran la guerra a los extraterrestres. Los rusos y los sudaneses se suben al carro de los chinos y parece que se va a liar parda. A estas alturas de la peli los distintos países que han tenido contacto con los alienígenas ya no se hablan, así que no hay forma de intentar convencer al general chino con la última información que tiene la prota. Todo parece perdido, pero entonces:

La trampa

Louise empieza a tener una serie de visiones del futuro en el que se está festejando una especie de alianza mundial. En la visión el general chino que la iba a liar parda se acerca a Louise y tienen una conversación sin pies ni cabeza. Él le da las gracias por haber salvado el mundo y le dice que si ha ido a la fiesta ha sido sólo para conocerla en persona. Ella, sorprendida, pregunta por qué. Y él le dice: “Sí, hombre, ya sabes, porque me convenciste de que no la liara parda llamándome a mi número privado”. Ella, ya flipando en colores, dice: “Pero tío, si yo no tengo tu número”. Y entonces él saca el móvil y le enseña su número mientras le dice “Creo que esto te será de utilidad”. Y hasta le guiña un ojo, el descarado. Sólo faltaba que lo guiñara mirando directamente a la cámara.

En el presente, Louise roba un teléfono satélite y llama al número que acaba de ver en su visión. Los yankis se dan cuenta de que alguien está llamando a China y se ponen a buscar porque la factura les va a salir por un ojo de la cara. La tensión se acumula, en parte porque ella no sabe qué decirle al general para convencerle, cuando la encuentran y le quieren acribillar, hasta que vuelve a su visión del futuro. Entonces el general le dice “Sí, hombre, me convenciste citándome palabra por palabra lo último que me dijo mi mujer antes de morir”. De vuelta en el presente, ella recita las palabras mágicas al general chino y todo se arregla. No te creas que hablan mucho más. No sé nada de mandarín, pero no creo que después de la cita de la mujer pudiera decir mucho más.

El cabreo

Una vez ha terminado la película, que como digo me ha gustado mucho, el cabreo ha ido en aumento. Cuantas más vueltas le daba, peor. Porque me parece una trampa de libro, un “Mierda, no sé cómo resolver el agujero tremendo del guión. Ah, ya sé, que vea en el futuro, y en una misma conversación de dos minutos, todos los datos que necesita para salvar el mundo“. Esa conversación en el futuro no tiene sentido. Existe únicamente para proveer a la protagonista de la información que necesita para salvar la papeleta en el presente. Y es una trampa. Y me ha jodido mucho.

No le he dado muchas vueltas aún al tema, pero se me ha ocurrido una solución que, a priori, me parece mejor. En lugar de esa visión del futuro, podría haber visto cómo le enviaba al ejército chino (o incluso directamente al general, a su cuenta de hotmail, por qué no) toda la información de que disponían los americanos, empezando con un pequeño resumen de por qué no debían atacar a los extraterrestres. De esa forma, vería la dirección de correo a la que dirigirse, y sólo tendría que irse a su ordenador y enviar los datos. Esta solución sigue cojeando un poco, pero me parece mucho más lógica que esa conversación tan absurda. Además, a lo largo de la película ya te han roto un poco el argumento de “Pero no puede saber algo en el futuro si no lo sabe en el presente”. Por un lado, con que la película empiece con lo que creemos son recuerdos que resultan ser visiones del futuro cuando ella todavía no tiene esa habilidad. Y, por otro, con la explicación de que la raza alienígena no ve el tiempo como nosotros, de forma secuencial, junto con la explicación de la teoría de que al aprender un lenguaje tu cerebro cambia para adaptarse.

Y creo que eso es todo. Me encantaría debatir esto con alguien, tenga o no mi misma opinión 🤓

Imagen: Film Nation Entertainment

Creatividad desbocada

No sé si a alguien más le pasa, pero mi vena creativa salta cuando le apetece y de pronto me encuentro dándole vueltas a una idea. Ayer me pasó volviendo a casa en coche desde casa de mis padres; buena parte del recorrido pensando en un medio de transporte que podría utilizar en alguna historia de fantasía, sin tener que ser necesariamente en la que estoy trabajando actualmente. Llegué a casa con muchas ganas de ponerme con ello, quería hacer dibujos y esquemas, pero vi que era muy tarde y decidí que mejor sólo tomaría nota de la idea y ya me pondría en otro momento (esta tarde, seguramente) con los dibujos y demás. Pensé que eso había sido todo, pero mi creatividad desbocada sólo estaba esperando su momento.

Momento que suele coincidir con aquellos en que estoy más relajado: conduciendo*, en la ducha o metido en la cama esperando a quedarme dormido. Así que, después de más de media hora de encontrarme escribiendo mentalmente dos escenas de la historia en la que estoy trabajando, decidí levantarme a por el portátil para dejarlo todo por escrito, pues sabía que la única manera de poder quedarme dormido era trabajar en eso que mi musa había decidido implantarme (a lo Inception/Origen) en la cabeza.

Normalmente, estos momentos de creatividad sin control suelen ser menos intensos: se me ocurre una idea para algo, la anoto y ya. Pero en este caso estaba escribiendo escenas en mi cabeza. Sólo espero que con práctica acabe cogiendo el hábito de escribir y pueda controlar un poco más cuándo utilizar la creatividad, en lugar de ser mi musa la que imponga los horarios.


*Relajado en cuanto a pensar. Conducir por Madrid es una de las actividades menos relajantes que se me ocurren. Y tengo bastante imaginación…

Mezclando conceptos

El viernes empecé un nuevo curso en la Escuela de escritores. Algunos recordaréis que el año pasado estuve haciendo el primer curso del Itinerario de novela. El caso es que la teoría me gustó, pero el curso en sí no lo suficiente como para seguir. Sobre todo porque me sentía bastante fuera de lugar. Al terminar el año lectivo en la escuela me dije que al año siguiente, si me veía con ánimos, haría el curso que tenían sobre Literatura fantástica. Ahí estaría más en mi elemento.

La sorpresa fue descubrir que lo que antes era un curso ahora se ha convertido en un Itinerario de literatura fantástica, también de tres años de duración total. Y me gustó mucho la idea. De modo que el viernes lo empecé y tiene muy buena pinta.

Nos mandaron un ejercicio para hacer allí mismo. Cada uno de los alumnos tuvimos que escribir en papelitos nombres de dos seres fantásticos y luego de dos objetos cotidianos. Después, cada uno cogió un papelito de la “urna” (vaso de plástico) de los seres y otro de la de los objetos. La tarea consistía en, si podíamos, fusionar ambos conceptos en un ser único y presentarlo al resto de la clase mediante un breve relato que no tenía por qué ser redondo (es decir, no tenía por qué tener la clásica estructura de introducción-nudo-desenlace). Si los conceptos extraídos al azar eran imposibles de mezclar teníamos que hacer que al menos interactuaran. No había terminado el profesor de explicar el ejercicio cuando yo ya había empezado a escribir: lo tenía muy claro. Os dejo a continuación con el relato tal cual salió en el momento y, después, os digo los dos conceptos que me tocaron.


Ya al comprarlo tuve una sensación extraña. Necesitaba un secador para el pelo y no tenía tiempo para pararme a elegir, así que cogí uno de una marca conocida pero que no fuera muy caro. En el momento me pareció que la caja estaba caliente, pero no le di mayor importancia. Pasé por caja y subí volando a casa para terminar de arreglarme para mi cita. Lo saqué de la caja y, al enchufarlo, juro que oí un murmullo extraño. Me recordó al ronroneo de Dama, mi gata, pero más profundo. Ajusté ligeramente los controles del aparato y presioné el botón. Nada. Parecía muerto. Incluso el ronroneo gutural se había apagado. Sabía que el enchufe funcionaba porque solía poner ahí a cargar el móvil mientras me duchaba, así que tenía que ser otra cosa. Comprobé el cable y la carcasa del cacharro y todo parecía en orden. Miré al interior de la boca del objeto mientras volvía a accionar el botón y vi una pequeña bola de luz que de pronto se convirtió en una enorme llamarada de un fuego amarillo verdoso. Todo ocurrió demasiado rápido y casi no pude reaccionar. Conseguí salvar la cara, pero prendió parte de mi pelo y la cortina de la ducha. Ahora estoy sentada en el suelo del baño con parte de mi preciosa melena chamuscada y no puedo dejar de temblar. Creo que ha emitido un rugido triunfal.


Esto me salió en unos quince minutos que nos dieron para escribir y tiene ciertos fallos, pero creo que quedó bien, ¿no? Probablemente es muy evidente, pero los conceptos que me tocaron fueron dragón y secador de pelo.

¿Qué os ha parecido?

The speech

Versión en español

It all started when my brother asked me to read something on his wedding day.

Come on, don’t be such a square, there’s some people who are going to read, how come my brother isn’t?

And I thought he was right. Because I like to write. But, had I known how it was going to end up, I probably would have taken it more seriously from the beginning.

Two weeks before the wedding I hadn’t written a word when Raúl, my brother, texted me to push me a little; he sure was suspecting something. During the conversation I started to have some ideas; this is something that happens to me often, I usually am more creative when somebody ‘thinks with me’.

One of these ideas, that I finally threw away, was to show up with a good pile of pages and put them on the lectern while I said “Well, I’ll try to be brief”. It’s a good thing I decided not to do that because in the end there was no lectern and it would have been really annoying to carry all those pages around.

One week before the wedding I wrote, in a moment, the first draft of my speech. I used an article from the Internet to help me know what to write, they gave away some good tips about how to write this kind of text. I used some of the advices and I cast aside most of them because I thought they were going to make my speech too complicated. I let my brother read that first version and he agreed with me on the main mistakes. Some days later I rewrote the parts that needed so and I fixed it a little. The day before the wedding I mulled it over and I corrected some small details. I didn’t know if the speech was ready and I thought it wasn’t very good, but I knew if I kept working on it I would never finish, so I parked the tablet in which I was working and I decided to forget about the whole thing until the next day.

On the next morning my brother and I had to drive to the village for a photo shoot in which relatives and friends would “help get the groom dressed”. I ensured the tablet was with me all the time; it was a bit of a mix of “I don’t want to get too far away from the speech” and “I really hope I won’t lose this somewhere”. When we went back to the ranch of the celebration I greeted the guests as they came and we had some lemonade while we waited for the rest of them. I wasn’t nervous yet, dressed in my navy blue, almost black, suit, my green tie, my brown shoes and my Rubik cufflinks. Guests were still coming and we were more and more polarized: my family in the shade, the bride’s family in the sun.

We realized some guests were starting to take positions in the grove where the ceremony would take place and we decided to go there too. We waited until most of the guests had arrived and then the judge started, visibly nervous, to read her speech, during which she got tongue-tied several times. Soon enough she called for the bride’s sister, to go read her speech. Then I started to feel nervous because I thought I was next. Nevertheless, after her it was the turn of a cousin of the bride. And then yes, my moment came. I was called and I approached from the least expected direction for the judge, who started to think I wasn’t present.

I set the microphone to my height, took a look at the guests, then at the groom and bride, and then I unlocked the tablet to start reading my speech. The first thing I did was to throw away the beginning of the text. Partly because I thought it wasn’t going to sound as funny as in my head, but also because I had no lectern as I had expected. In this disposed opening I pretended to start giving a political speech and then I apologized for my mistake. So I improvised, out of pure nervousness, a “Well, how can one follow those amazing speeches” or something like that and I started reading mine.

I kicked off with Bilbo’s mythic phrase from his birthday speech:

I don’t know half of you half as well as I should like, and I like less than half of you half as well as you deserve.

The idea of including this fragment from The Lord of the Rings wasn’t by chance; when I first considered what to write about I imagined myself standing in front of the guests and I thought I wouldn’t know more than half those people. And, of course, this phrase (Bilbo’s) immediately came into my mind. The only error here was that my nervousness prevented me from taking a look at the funny faces that I’m sure the people in the audience made when they heard such a tongue-twister. I don’t remember if they laughed.

I went on with the part where I talked about the groom. Telling some anecdote about when we were little and speaking about how tight we have been almost always. From time to time I would look up and, since my nervousness and shyness wouldn’t let me look at the bulk of the guests, I peeked at the groom and bride, and their parents. And I became aware that my brother was close to tears. Apparently (I didn’t see this), when I spoke about how we played together when we were little, his chin began to quiver. Then came the part about the bride, about how little I’ve known her so far and the relationship that bonds us. This part I guess it was more funny than moving. The speech finished off with an ending in which I talked about toddlers to come and my need to turn them into nerd/geeks. I finished reading my speech, covered the tablet, approached to kiss and hug the groom and bride, and then I got the hell out of the center of attention as fast as I could.

The ceremony went on, they put their rings on, kissed one another and then my brother read his speech. It was tremendously moving because he was fighting not to cry with a lump in his throat that became a knot in our stomachs. Then groom and bride went with the photographers to have their pictures taken all over the ranch while the rest of us started drinking and eating.

The funniest anecdote regarding the speech happened when I went to the DJ to ask for some heavy metal. Well, at least that was my cousin Alvaro’s idea, but it had to be toned down. I guessed if we made him play some Avenged Sevenfold we were going to shatter the party, so I went for something a little more known; maybe that way it would be less of an impact. So my cousin and I approached the DJ, who smiled at me when he saw me getting closer. Surprised, I got to him and he made a gesture to me indicating he wanted me to meet him in his side of the table, and said “You’re the one I was waiting for”. At first I didn’t understand why could he be waiting for me, until I remembered he had been present during my speech. In the ending, when I spoke about nephews, I said that “there was so much heavy metal to play to them”. That’s why it wasn’t much of a surprise when he next asked if I wanted some Iron Maiden. Not a bad idea, but my cousin and I had thought about AC/DC. I asked for Highway to Hell and he suggested Thunderstruck; I told him that any one of those would be good. Song and a half later AC/DC was playing and the party guests froze a bit not knowing how to react.

But through the day several people approached me to tell me they had loved the speech. Reactions could be summed up, mostly, in:

  • You bastard, you almost made me cry
  • You bastard, how I’ve cried

And that filled me with some kind of happiness I hadn’t felt before. Something I wrote in a couple of spare moments, no more than half an hour, had moved deep inside the heart of some people. Even more, I had written it as a funny text, with a nerd reference and lots of puns, and most of them emphasized how moving it had been to the point of making them cry, or almost. That day I realized this is what I have always wanted: to write some words and get moving reactions out of people, be it laughing or crying.

And that’s what we’re here for 😉

El discurso

English version

Todo empezó cuando mi hermano me pidió que escribiera algo para leer el día de su boda.

Venga, no seas rancio, hay gente que va a leer, ¿cómo no va a leer mi hermano?

Y yo pensé que tenía razón. Porque además me gusta escribir. Pero si hubiera sabido cómo iba a salir la cosa, quizá me lo hubiera tomado más en serio desde el principio.

A falta de unas dos semanas no había escrito una palabra cuando Raúl, mi hermano, me mandó un mensaje para meter presión, porque se lo debía estar oliendo. En esa conversación ya se me empezaron a ocurrir varias ideas; esto es algo que me pasa a menudo, suelo ser más creativo cuando alguien “piensa conmigo”.

Una de estas ideas, que al final deseché, era presentarme con un buen taco de folios y colocarlos sobre el atril mientras decía “Bueno, intentaré ser breve”. Menos mal que decidí no hacer esto porque al final no hubo atril y hubiera sido un coñazo tremendo cargar con los folios.

A una semana de la boda escribí en un rato el primer borrador del discurso. Para ayudarme usé un artículo de Internet en el que daban unos cuantos consejos acerca de la escritura de este tipo de textos. Cogí algunos de los consejos y deseché la mayoría porque me parecía que iban a convertir aquello en algo demasiado elaborado. Dejé que mi hermano leyera aquella primera versión y coincidió conmigo en los principales fallos. Unos días después reescribí las partes que lo necesitaban y lo arreglé un poco. El día antes de la boda volví a darle algunas vueltas y corregí algunos pequeños detalles. No sabía si el discurso estaba listo y no me parecía demasiado bueno, pero si seguía trabajando en él no iba a terminar nunca, así que aparqué la tablet en la que estaba trabajando y decidí olvidarme hasta el día siguiente.

En la mañana del día de la boda mi hermano y yo teníamos que desplazarnos para una sesión de fotos en la que los familiares y amigos “ayudaríamos a vestirse” al novio. Me aseguré de que la tablet iba conmigo en todo momento; era un poco una mezcla de “no quiero separarme del discurso” y de “ay, como me la deje en alguna parte”. Al volver a la finca de la celebración saludé a los invitados que ya habían llegado y tomamos limonada mientras esperábamos a que fueran llegando los demás. Yo seguía sin ponerme nervioso, vestido con mi traje azul marino casi negro, mi corbata verde, mis zapatos marrones y mis gemelos de cubos de Rubik. Seguían llegando invitados y cada vez estábamos más polarizados: a la sombra mi familia, la de la novia al sol.

Nos dimos cuenta de que algunos invitados empezaban a tomar posiciones en la arboleda que acogería la ceremonia y decidimos acercarnos. Esperamos hasta que la mayoría de invitados llegó y entonces la jueza de paz se arrancó, visiblemente nerviosa, con un discurso en el que se trabó varias veces. En seguida llamó a la hermana de la novia, para que se acercara a leer su discurso. Ahí empezaron mis nervios porque pensaba que yo iba después. Sin embargo, después de ella leyó una prima de la novia. Y entonces sí, llegó mi momento. Me llamaron y me acerqué por donde menos se lo esperaba la mujer que ya pensaba que yo no había acudido.

Coloqué el micrófono a mi altura, eché un vistazo a los invitados, miré a los novios y desbloqueé la tablet para empezar a leer mi discurso. Lo primero que hice fue descartar el comienzo del texto. En parte porque me parecía que no iba a resultar tan gracioso como en mi cabeza y, por otra, porque no tenía atril como había esperado. En ese inicio desechado fingía ponerme a dar un discurso político y luego pedía disculpas por haberme equivocado. Entonces improvisé, por puros nervios, un “A ver cómo sigo yo después de estos dos pedazo de discursos” o algo así y me puse a leer lo mío.

Arranqué con la mítica frase de Bilbo en su discurso de cumpleaños:

No conozco a la mitad de ustedes ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece.

Bueno, cambiando el los “ustedes” por “vosotros”, que al fin y al cabo estábamos entre familia. La idea de incluir este fragmento de El señor de los anillos no fue casual; cuando empecé a plantearme qué escribir me imaginé de pie ante los invitados y pensé que no conocería a la mitad de aquellas personas. Y, claro, esa frase vino inmediatamente a mi cabeza. El único fallo aquí fue que los nervios me impidieron fijarme en las caras que debió poner la gente al escuchar semejante trabalenguas. No recuerdo si se rieron.

Proseguí con la parte en la que hablaba del novio. Contando alguna anécdota de cuando éramos pequeños y hablando de lo unidos que hemos estado casi siempre. De vez en cuando levantaba la mirada y, ya que los nervios y la timidez me impedían mirar al grueso de los invitados, echaba ojeadas a los novios y padrinos. Y me di cuenta de que mi hermano estaba a punto de llorar. Al parecer -yo no me di cuenta-, cuando hablé de cómo jugábamos de pequeños incluso le empezó a temblar la barbilla. Luego vino la parte de la novia, sobre cuán poco la conozco todavía y la relación que nos une. Esta parte supongo que fue más graciosa que emotiva. El discurso lo cerraba un final en el que hablaba de los churumbeles por venir y mi necesidad de convertirles en frikis. Terminé de leer, le puse la cubierta a la tablet, me acerqué a besar y abrazar a novios y padrinos, y me alejé lo más rápido que pude del centro de atención.

La ceremonia prosiguió, se pusieron los anillos, se besaron y mi hermano leyó su discurso. Le quedó tremendamente emotivo porque luchaba por no romper a llorar con un nudo en la garganta que a nosotros nos puso en el estómago. Entonces los novios se fueron con los fotógrafos a hacerse fotos por la finca mientras los demás íbamos a empezar a beber y comer.

La anécdota más graciosa relacionada con el discurso fue cuando me acerqué al DJ a pedirle algo de heavy. Bueno, al menos esa era la idea de mi primo Álvaro, pero hubo que rebajarlo un poco. Supuse que si poníamos Avenged Sevenfold nos íbamos a cargar la fiesta, así que opté por algo un poco más conocido; quizá así el impacto sería menor. De modo que mi primo y yo nos acercamos al DJ, que se sonrió al verme por allí. Sorprendido, llego hasta él y me hace una seña para que pase al otro lado de su mesa, colocándome a su lado, y me dice “A ti te estaba esperando yo”. En un principio no entendía por qué podía estar esperándome, hasta que caí en que él había estado presente durante mi discurso. En la parte final, cuando hablé de los futuros sobrinos dije que “había mucho heavy metal que ponerles”. Por eso no me sorprendió que a continuación me preguntara si quería que pusiera algo de Iron Maiden. No era mala idea, pero mi primo y yo habíamos pensado mejor en algo de AC/DC. Yo le pedí Highway to Hell y el DJ me propuso un Thunderstruck; le dije que me valía cualquiera de las dos. Canción y media después sonaba AC/DC y los invitados de la fiesta se quedaron un poco sin saber cómo reaccionar.

Pero a lo largo del día bastantes personas se acercaron hasta mí para decirme que les había gustado mucho mi discurso. Las reacciones se podían resumir, mayoritariamente, en:

  • Cabrón, casi me haces llorar
  • Cabrón, cómo me has hecho llorar

Y aquello me llenó de una especie de felicidad que no había saboreado hasta entonces. Algo que había escrito yo en unos cuantos ratos sueltos, no más de media hora, había llegado bastante profundo al corazón de muchas personas. Es más, yo lo había concebido como un texto gracioso, con una referencia friki y montones de chistes y coñas, y la mayoría de la gente recalcaba lo emotivo que les había resultado hasta el punto de hacerles llorar, o casi. Ese día me di cuenta de que esto es lo que siempre he querido: escribir unas palabras y conseguir reacciones emotivas de la gente, ya sean risas o lágrimas.

Y para eso estamos aquí 😉

Porqué escribo / Why I write

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Tengo una cierta necesidad de narrar historias casi desde que tengo memoria. Durante muchos años el medio elegido fue el cómic, pero a medida que fue pasando el tiempo me di cuenta de que, para hacerlo bien, tenía que dedicarle demasiado tiempo (escribir guión, dibujar, entintar, dar color, publicar…). Tengo muy claro que si hubiera podido habría entrado en una escuela de dibujo en lugar de la universidad. Pero la vida me llevó por otro camino y hace poco más de un año decidí que quería probar a cambiar de medio y retomar la escritura.

Ya de pequeño empecé a escribir un buen número de novelas, pero todas las abandonaba al llegar un punto en que me daba cuenta de que estaba, más o menos, plagiando tal o cual libro. Cuando tomé la decisión de intentar empezar a escribir novelas lo primero que hice fue apuntarme a un taller de escritura. Tras tres meses en los que aprendí algunos conceptos básicos me di cuenta de que el formato taller no era para mí: necesitaba algo con más teoría. Ahora ya he terminado un curso de novela en el que he aprendido mucha más teoría y siento que tengo todo lo que necesito para escribir.

Supongo que siempre lo he tenido, pero ahora ha aumentado mi confianza en que puedo. Pero como escribir una novela va a ser un proceso muy largo y hay posibilidades de que me dé por vencido antes —demasiada tendencia a procrastinar y cierta dificultad para terminar proyectos—, he decidido empezar por cosas más pequeñas. Mientras voy trabajando en un relato corto, aquí iré compartiendo entradas con textos aún más cortos, algo que pueda empezar y terminar en cosa de una semana. El primer mini-relato ya está terminado, sólo falta que pase por una suerte de proceso de beta-lectura.

Y para eso necesito vuestra ayuda. Si tenéis tiempo y os apetece, entrad en la página Beta-lectores y pinchad en el enlace para daros de alta. Cuando termine un nuevo mini-relato lo enviaré a todos los que estéis dados de alta en la lista de correo. Y una vez lo hayáis leído y yo haya hecho las correcciones pertinentes, publicaré el texto aquí. Es especialmente importante que, si se os da bien el inglés, me aviséis de errores que veáis, ya que no es mi primer idioma. O sugerencias de vocabulario o cualquier otra cosa que pensáis que podría hacer para mejorar la versión en inglés 😉

Y luego, cuando publique cada entrada, seáis beta-lectores o no, agradeceré saber qué os ha parecido el mini-relato, qué os ha hecho sentir. Porque en parte para eso escribo: para haceros sentir cosas con mis palabras, para que durante el rato que tardéis en leerlo podáis abstraeros de todo y sumergiros en ese mundo que hay dentro de mi cabeza y que comparto con vosotros.

Espero conseguirlo 😉

Imagen: Power of words by Antonio Litterio


I have had a certain need to narrate stories almost for as long as I can remember. For several years the chosen medium was comics, but as time went by I realized that, in order to do it right, I had to spend too much time on it (writing the script, drawing, inking, coloring, publishing…). I’m pretty sure if I had had the opportunity I’d have signed up in an art school instead of college. But life made me go another way and about a year ago I decided I wanted to try and change medium and start writing novels again.

When I was a kid I started to write a good number of novels, but I abandoned them all when I reached a point where I realized I was, more or less, plagiarizing this or that book. When I decided to start writing novels again the first thing was to sign up in a writing workshop. After three months in which I learnt some basic concepts I realized the workshop format wasn’t for me: I needed more theory. Just now I’ve finished a writing novel course in which I have learnt a lot more theory and I feel like I have all I need to write.

I guess I always had it, but now I have gained confidence. But since writing a novel is going to be a very long process and there’s a chance I’ll abandon before finishing —too much tendency to procrastinate and a certain difficulty to finish projects—, I have decided to start small. While I’m working in a short story, I’ll share posts with even shorter texts, things I can start and finish within a week. The first mini-story is already finished, now it’s just a matter of going through a beta-reading process.

And for that I need your help. If you have the time and feel like it, go to the page Beta-readers and click on the link to sign up. As soon as I finish a new mini-story I’ll send it to all the subscribers. And once you have read it and I’ve made the necessary corrections, I’ll publish the text here. It’s specially important that you warn me about mistakes in English, since it’s not my mother tongue. Or suggestions about vocabulary or any other thing I could do to improve the English version 😉

And then, when I publish every post, beta-reader or not, I’ll thank you for letting me know what you think about the mini-story, what it made you feel. Because in part that’s why I write: to make you feel things with my words, to allow you to withdraw from everything while you read it and immerse yourselves in this world inside my head that I share with you.

I hope I’ll achieve that goal 😉

Image: Power of words by Antonio Litterio